De un venezolano: Como la hiperinflación me enseño a ahorrar

En una economía estable, si le preguntáramos a cualquier experto cuál sería la manera más eficiente de conservar nuestros ahorros nos recomendarían invertir en acciones o en bonos como en fondos de cobertura o capital privado. Y les aseguro que la leche y los huevos no aparecen en ninguna parte de esa conversación, ¿pero en una economía con hiperinflación?

En Venezuela, donde la tasa de inflación es de decenas de miles, las cosas que la gente de otras partes que ha vivido bajo un proceso económico eficiente rechazaría por miedo a perder valor, se han convertido en reservas de riqueza real.

El mejor ejemplo de una economía explosiva en inflación y altos costes es una Caracas paralizada por un colapso económico donde las empresas se encuentran a la deriva intentando sobreponerse a los altibajos del mercado. Las empresas deben estacionar sus ganancias donde no sean aniquiladas por la inflación.

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Hay ciertos productos de primera necesidad que se han convertido en una “moneda” más rentable para los mismos comerciantes. ¿Parece increíble? Lo es, pero el punto es que estos productos mantienen su valor por un tiempo más prologando que la moneda misma y con seguridad mejor recibidos por los comerciantes.

En Venezuela, la calamidad que podría resultar en otros países respecto a las finanzas personales o el ahorro que asegura de alguna manera una ventaja en el futuro, se ve truncado por la necesidad de adquirir productos de primera necesidad rápidamente. Y es que luego de eso, de la sobrevivencia diaria a la que están expuestos los ciudadanos, es absolutamente necesario no dejar esos ingresos quietos porque con mucha velocidad representará en el mercado la mitad de lo que fue cuando ingresó en las cuentas bancarias.

Los episodios de hiperinflación son bastante raros. Steve Hanke de la Universidad Johns Hopkins enumera varios casos particulares, empezando por Francia en la década de 1790. Y es que se necesita algo extraordinario como por ejemplo una guerra, una revolución o una incompetencia épica para perturbar las cosas a tal escala. La causa principal suele ser una debilidad crónica en las finanzas públicas.

El círculo vicioso fiscal

Esta debilidad financiera que nombramos, podría deberse a muchos factores pero principalmente a los saqueos por parte de los funcionarios, el gasto de bienestar suntuoso o la dependencia de una sola fuente de ingresos fiscales. El gobierno venezolano recurre a imprimir dinero para pagar sus cuentas. Eso alimenta la hiperinflación, pero la alimenta solo de aire.

Esto podemos verlo como un círculo vicioso que es difícil detener y que dispara a niveles brutales la inflación en el país. Los impuestos se pagan un poco después de la actividad con la que se relacionan, la inflación rápida explota el valor de los recibos de impuestos. Se imprime más dinero sin sustento para llenar el vacío en los ingresos. La inflación acelera. El ciclo gira.

Venezolanos Vs. Inflación

Ese círculo vicio que rodea a los venezolanos, no es un fenómeno que recién están conociendo. El venezolano sufre alta inflación desde los ochenta y noventa y eso enseñó a las clases medias a mantener una parte de sus ahorros en el extranjero en cuentas en dólares. Pero esto no parece ser suficiente, se necesitan otras coberturas para la  inflación.

Uno es propiedad. El año pasado, cuando Venezuela atravesaba una fuerte crisis social en medio de protestas y conflictos de oposición contra el gobierno de Nicolás Maduro, algunos extranjeros esperaban comprar casas a precios de regalo. Pero no hubo sorpresas ya que la propiedad era demasiado valiosa como para ser una cobertura de inflación. Los precios de las propiedades también se han estabilizado en términos de dólares.

El escudo definitivo contra la inflación

No existe manera de protegerse contra la inflación extrema con justa precisión.  Los pobres o menos privilegiados económicamente tienen pocas maneras de hacerlo.

En este sentido, lo que sucede en Venezuela coincide con lo que sucede en otros lugares y es que los ricos y educados cometen menos errores con su dinero porque conocen bastante bien los mercados en que invierten activos, y además de ello pagan tarifas más bajas y son más eficientes para re financiar sus deudas cuando cambian las tasas de interés. Pero resulta que los pobres apenas conocen estos términos y su realidad económica es absolutamente ignorante.

Esto solo puede darnos una importante lección y es que la gente común debería prestar más atención a cómo administran su dinero. Incluso cambios bastante pequeños en la manera en cómo se administran pueden marcar una gran diferencia en los rendimientos de sus bienes a largo plazo. Para los venezolanos, esa sabiduría es esencial, porque cuando se enfrenta a la hiperinflación, el largo plazo es la próxima semana.