Las reglas del internet

Solo sabemos que no sabemos nada, ojalá pudiéramos comenzar cada pensamiento con esa frase.

No podemos cuantificar la magnitud con la que avanza la tecnología, simplemente la adaptamos a nuestras vidas, como un perro se adapta a comer en la calle, como una persona se adapta a vivir pobre, como alguien se “adapta” a vivir solo; la adaptamos, sin darnos cuenta del salto a la evolución que estamos dando.

No nos damos cuenta de que apenas unos años atrás, usábamos un caballo para transmitir un sentimiento, un amor; ahora nos desespera unos segundos de retraso. Hacemos uso de ella todo el tiempo sin saber cómo funciona.

Buscamos el método para hacerlo rápido porque ahora no podemos entender algo que sea tan lento, no sabemos cuándo fue el momento en el que empezamos a depender más de ella que del prójimo.

En estos últimos años me he dado cuenta de lo poco que sabemos de las cosas de la vida. Balbuceamos a todas horas lo ocupados que estamos, pero no sabemos qué es el tiempo. Tendemos a influenciar a otro con una “falsa seguridad” cuando no sabemos qué eso no es felicidad, nos molestamos cuando se va la luz cuando aún no hay una definición clara de qué es la luz. Lo que hoy nos atañe a todo lector que esté viendo esto ahora, es entender el universo infinito (y a la vez desconocido) de este mundo llamado INTERNET.

Digo que sabemos poco cuando creemos todavía que es un medio para comunicarse con otros; digo que sabemos poco cuando no sabemos su creación, su manejo ni cómo se financia; porque seguimos viendo el internet como mero consumidor. Somos consumidores natos que se quejan del producto, pero no HACEMOS el producto.

Digo que sabemos poco cuando no tenemos ni idea del impacto del internet en la sociedad. Digo que sabemos poco cuando seguimos creyendo que pagarte un curso es la mejor opción de aprender, sabemos poco cuando creemos que la inspiración la encontramos de un test universitario, sabemos poco mientras sigamos creyendo que el dinero se crea solamente si te paras todos los días temprano, sabemos poco cuando ni siquiera somos conscientes de la generación de dinero, sabemos poco cuando seguimos creyendo que el marketing es una cartelera en la autopista, digo que sabemos muy poco cuando todavía nuestro modelo de éxito es un cantante pop.

En pleno siglo XXI conocemos tan poco de este mundo porque seguimos siendo usuarios de esta gran maquinaria, se nos dio durante muchos años las herramientas necesarias para ser autodidactas y sin embargo lo que hicimos fue comprar un celular como medio para mostrar sabiduría frente a esta maquinaria.

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En pleno siglo XXI aún seguimos viviendo en la era industrial, algunos lo han captado pero todavía hay un 80% de la población que no despierta; una población que aún no sabe que estamos en una nueva era, en donde las reglas son distintas, una era en el que la información lo es todo, una era en la que el tiempo es el activo mas valioso que tenemos y lo sacrificamos por dinero; una era en la que los paradigmas sociales que nos inculcaron tienen que romperse.

Todos los días hay que ser más ignorante que el día de mañana, pero mañana estaremos más preparados que otros para el futuro.

Cuando dejemos de ser simples usuarios de este gran monstruo podemos unirnos a él. Esta forma de interacción global no es sólo un vídeo de YouTube que nos mantiene entretenidos, no es solo una cámara que quiero comprar, no es solo el envío de un paquete, no es solo una solicitud de amistad, no es solo el intermediario de una cita desconocida, no es solo la ocupación de tu tiempo de ocio, no es sólo el saludo a alguien lejano. Todo esto para el monstruo es CLIENTE, y cuando entendamos eso podemos visualizar una red infinita de clientes, entiendes que es un negocio, entiendes que es dinero “de la nada”, entiendes que es cultura, entiendes que es evolución, entiendes que es una máquina de información interglobal, entiendes que es un modelo de negocio, entiendes que es el futuro.

Imagino un mundo en el que todos comprendamos esto; el valor infinito que tenemos sobre nuestros ojos, aceptar y entender que quizás el mundo ya no funciona como te lo enseñaron, con ideas que nos arraigan desde que nacemos. De lo contrario el monstruo nos pasará por encima.

Ojalá podamos todos descubrirlo o quizás, y solo quizás, después de 33 años con nosotros todavía no hemos evolucionado lo suficiente.

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